Urban Cultural Landscape and Territorial Identity: an Approach between Cultural Diversities and Cultural Heritage
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Author : Mrs. Paulina Andrea Henríquez Adrián


“La Arquitectura de Iquique durante el Período Salitrero” y su legado a la ciudad actual

Autor: Patricio Advis Vitalgic



Resumen



El auge de la Industria Salitrera en la región de Tarapacá (Chile 1830-1960) junto a la bonanza económica, trae consigo la apertura del puerto de Iquique hacia el mundo, con lo cual comienza a surgir una ciudad de madera en que su expresión arquitectónica tiene influencias traídas de Inglaterra y Norteamérica, sin embargo la ciudad expresa su propio lenguaje, donde convergen gestos formales bastantes libres y diferentes con lo cual podemos llegar a definirla como “arquitectura lúdica de raíz clásica” cuya expresión como unidad y conjunto -la vivienda y la manzana- es capaz de dialogar con el paisaje urbano. Este trabajo recoge los valores formales, históricos y culturales del casco histórico de Iquique, planteando la situación actual respecto al patrimonio urbano/arquitectónico y la urgencia de poner en marcha una política de conservación que pueda convertirla en un elemento relevante y activo en la ciudad de hoy.



Palabras claves

Patrimonio urbano/arquitectónico- Paisaje Urbano-Política de Conservación







Abstract



The rise of the nitrate industry in the region of Tarapacá (Chile 1830-1960) brought along an economic boom and the opening of the port of Iquique to the world, emerging a wooden city with an architectural expression influenced by England and America. However the city expressed its own language, where free and different formal gestures converged in to what we can define as a “fun architecture with classical roots” whose expression as a unit and ensemble –the house and the block- is capable to dialogue with the urban landscape. This paper covers the formal, historical and cultural values of historic Iquique, exposing the current situation regarding of urban/architectural heritage and the urgency of implementing a conservation policy that become this issues in something relevant and active in the city today.



Key Words

Urban/architectural Heritage- Urban Landscape- Conservation Policy.



Autor: Patricio Advis Vitaglich( - -2011): Arquitecto Universidad Católica de Valparaíso-Chile ● Ejercicio profesional independiente: Arquitectura y Urbanismo ● Investigación Histórica y Restauración monumental ● Actividad transdiciplinaria: Arquitectura/Arqueología/Antropología ● Docente Escuela de Arquitectura, Universidad Arturo Prat ● Último libro publicado 2008:” La Arquitectura de Iquique Durante el Período Salitrero”.



Expositora: Paulina Henríquez Adrián: Arquitecto Universidad Arturo Prat, Iquique-Chile ● Seminario de Investigación Universidad Católica de Chile ● Actividad transdiciplinaria: Arquitectura /Arqueología/Antropología en Sitios Patrimoniales en la Zona Norte de Chile ● editora del libro “La Arquitectura de Iquique Durante el Período Salitrero” (2008) . Teléfono: (56) (09) 68249561 ● pauliarq@gmail.com







SU PRESENTE: RESACA DEL PASADO



El Plano Regulador de Iquique del año 1960 reconoció la Calle Baquedano como Zona Típica de Conservación Histórica .En 1976 el Grupo Arqueología y Museos de la Universidad de Chile, Sede Antofagasta, preocupado por el fenómeno patrimonial de Iquique, elaboró e hizo pública una “Carta Abierta a Iquique” , documento en el que se indicó la necesidad que los organismos responsables del desarrollo urbano de la ciudad, contaran con un registro de las obras que ameritaran preservarse por su valor patrimonial; en algunos de sus párrafos puede leerse: “…Iquique es caso único entre las ciudades chilenas cuya arquitectura recoge la experiencia norteamericana de la construcción en madera de segunda mitad del siglo XIX, obras como el Teatro Municipal, la Torre Reloj de la Plaza Prat, el Casino Español, el Club Yugoslavo, la calle Baquedano, etc., más que arquitectura de Iquique es un patrimonio nacional, es un mensaje del pasado al país mismo...” “…Es necesario que los organismos ministeriales y municipales cuenten con una documentación científicamente avalada sobre el Patrimonio Monumental de la ciudad; que esta documentación se transforme en estatuto de la ciudad. para que los responsables del desarrollo urbano tengan la claridad suficiente frente a las iniciativas e intereses particulares que puedan afectar nuestro patrimonio, porque para su conservación no basta la buena voluntad y el buen criterio, es necesario el respaldo legal. “…y esperar así que las obras del pasado den luz a las del presente, tanto por su propia exigencia espacial como por la enseñanza bioclimática que de ellas se desprende; y lograr así un ámbito original, acorde con los propósitos actuales, con rostro auténtico, tan auténtico como aquel rostro que supieron plasmar los arquitectos del viejo Iquique”. Al año siguiente, en 1977, se realizó el primer registro catastral y valorativo de la arquitectura histórica de la ciudad . En el año 1985 la Municipalidad aprobó una normativa especial de edificación para las “obras nuevas” que se construyeran en la calle Baquedano y Plaza Prat. En el lapso 1986-2001, surgieron tres registros catastrales más actualizando sucesivamente los anteriores . Paralelamente también se realizaron importantes estudios académicos y una propuesta de revitalización de la calle Baquedano que no logró concretarse . La inquietud por la preservación de aquella arquitectura es un hecho que ya pertenece a la cultura urbana de la ciudad. Sin embargo, no basta con el reconocimiento y con la inquietud. En efecto, aparte de las construcciones de calle Baquedano, Plaza Prat y 12 obras más nominadas Monumento Nacional , quedan muchas otras que poseen igual valor y se encuentran expuestas, es decir, sin respaldo. En el presente, si recorremos las calles de Iquique teniendo en vista la arquitectura representativa del periodo salitrero, podemos darnos cuenta que aún está de alguna manera vigente y ocupa el centro vital de la ciudad; y que, alterada, deformada o integra, sigue estableciendo a través de su “valor formal” y de su “valor histórico” un marco singular que hace que la ciudad se caracterice como única dentro del contexto nacional, es decir, sigue representando el rostro de Iquique. Así, los valores de esta arquitectura nos llevan a quererla conservar, porque a través aquellos se nos revela como un bien de la ciudad, como un bien de la misma importancia que tienen sus crepúsculos, su cordillera marítima, la bóveda del cielo y su mar, porque la arquitectura, más que establecer un cobijo, organiza y ampara el habitar del hombre en el paisaje. Pero en la medida que profundizamos en este quererla proteger y conservar, nos vamos dando cuenta también de su enorme vulnerabilidad: cada año desaparece más de una de sus construcciones, ya sea por los incendios o ya sea por demolición, transformación o alteración. Nos damos cuenta también que si no se toman las medidas adecuadas, su destino inexorable a corto plazo será la pérdida de su consistencia que ya se muestra bastante debilitada. Este proceso de destrucción y de deformación obedece a la realidad de una ciudad viva, cuyas fuerzas en desarrollo se manifiestan en una continua necesidad de renovación y crecimiento. Aquella vulnerabilidad también se produce porque esta arquitectura, sí exceptuamos escasas excepciones, pertenece a particulares, a habitantes de la ciudad preocupados de su propiedad como un bien económico urbano que es posible explotar, adecuar o construir uno nuevo que signifique mayor beneficio, y no como un bien patrimonial que debe preservarse. Pero, ¿cuánto sobrevive de esta arquitectura?



SU FUTURO



Un estudio sobre el patrimonio urbano/arquitectónico de Iquique que tenga en vista como objetivo final su protección, su puesta en valor y su conservación, debe enfrentarse a cuatro preguntas fundamentales, preguntas que señalan a su vez el itinerario del estudio: 1. ¿Por qué conservar? (etapa teórica) 2- ¿Qué valores conservar (etapa de análisis) 3. ¿Cuánto conservar? (etapa de selección) 4. ¿Cómo conservar? (etapa de acción) La pregunta Nº1 se desdobla en dos: a) una que trasciende el objeto de estudio en sí y se preocupa del por qué es importante conservar manifestaciones del pasado, y otra b) que se enfrenta al objeto en sí – en nuestro caso la arquitectura del ciclo salitrero – y se preocupa del por qué se justifica su conservación. La pregunta Nº2 nos sitúa frente al corpus completo de aquella arquitectura (registro catastral), para el análisis y la precisión de sus valores “formales” e “históricos”. La pregunta Nº3, nos sitúa frente a criterios de selección para decidir aquellas obras que deben ser conservadas. Antes de pasar la pregunta Nº4, es necesario precisar lo que entendemos por valor formal, por valor histórico y sus criterios de selección que ya hemos enunciado: Valores patrimoniales: No toda obra por ser meramente antigua debe preservarse, sino solamente cuando posean valores formales y/o históricos relevantes o significativos en el plano internacional, nacional o en la memoria colectiva de una comunidad. ¿En qué consisten estos valores?: - El “valor formal” Se trata de la belleza de la obra, de un fenómeno eminentemente plástico cuyo valor es perceptible a través de la sensibilidad y no deducible mediante una medición objetiva. Es necesario aquí hacer dos distingos: el valor formal “arquitectónico” y el valor formal “urbano ambiental”. a) El “valor arquitectónico” puede ponderarse en una escala de cuatro tramos según sus cualidades: bajo, mediano, alto y sobresaliente. Las obra de bajo y mediano valor no serían necesariamente conservables. Las de valor alto y sobresaliente serían necesariamente conservables. b) El “valor urbano ambiental” Esta cualidad es importante para la caracterización de un sector de la ciudad como Barrio Típico. Se trata de un sobrevalor, de un plus que adquiere una obra de mediano valor arquitectónico cuando forma parte de un conjunto donde se encuentran obras de valor Arquitectónico alto y/o sobresaliente. Pasaría así al tramo superior, al valor alto, y sería necesariamente conservable. -El “valor histórico” No interesa en este caso la obra como objeto de belleza sino por su significación en la historia. También es necesario hacer aquí dos distingos: el valor histórico “documental” y el valor histórico “sentimental”. a) El “valor documental” se refiere a aquella como documento o fuente histórica que da testimonio del pasado de nuestra cultura urbana; ejemplos: así moraba la clase socio/económica alta, así eran las factorías salitreras o esta fue la primera vivienda con repertorio típico del período salitrero etc. Estas obras, solamente las más representativas o significativas para la colectividad, deberían necesariamente conservarse cualquiera que sea su valor formal. b) El “valor sentimental” se refiere a la connotación que una obra ad-quiere cuando ha ocurrido en su seno algún hecho relevante para el anecdotario de la ciudad y del país; ejemplos: en tal edificio expuso Balmaceda su po-lítica respecto de las salitreras; en tal vivienda funcionó la Junta del Gobierno revolucionario de 1891, aquí nació o vivió tal personaje, etc. Estas obras, según la importancia o trascendencia histórica del suceso, serían necesariamente conservables. Estos cuatro valores: el valor “formal arquitectónico”, el valor “formal urbano ambiental”, el valor “histórico documental” y el valor “histórico sentimental” - convergiendo uno o más de ellos en una obra - constituyen la referencia, o el filtro, para seleccionar las que representan un bien patrimonial para la ciudad, vale decir, las obras que deben conservarse.





Política de conservación



La preocupación por la conservación de esta arquitectura lleva ya 61 años (1960-2011); durante todo ese tiempo se han ido aclarando y contestando lenta y progresivamente las primeras tres preguntas y el corpus de la arquitectura patrimonial está ya definido; no obstante queda todavía pendiente la cuarta: ¿cómo conservar?. Esta pregunta – la más importante para los objetivos y la realización de conservación patrimonial – nos sitúa frente a las obras ya valorizadas y seleccionadas para el estudio de una política conservación que tenga en vista su conversión en un elemento urbano activo en la vida de la ciudad de hoy. Para situar la tarea en términos prácticos que le corresponde, es preciso dejar en claro dos situaciones de pertenencia: las obras patrimoniales de propiedad estatal o municipal y las obras patrimoniales de propiedad particular: Hasta ahora la tarea de conservación patrimonial ha ocurrido principal-mente en obras de propiedad estatal o municipal o de grandes empresas, edificios puntuales que han sido posible proteger, poner en valor y conservar mediante recursos directos de aquellos organismos, como son los casos del Edificio de los Tribunales, la Estación del Ferrocarril, el Teatro Municipal, el Palacio Astoreca, la oficina de Collahuasi en calle Baquedano y otros. Es fácil darse cuenta que no se sitúa aquí el gran problema de la conservación del patrimonio arquitectónico de Iquique, sino en el caso de las obras de propiedad particular. ¿Cómo proceder en estos casos? Examinemos brevemente el único ejemplo que tenemos al respecto, el de la normativa de la “Calle Baquedano y su ampliación a la Plaza Prat”. Esta normativa se preocupa principalmente de reglamentar “la obra nueva” que se edifique al lado de la obra patrimonial. Respecto de ésta última, solamente prohíbe su demolición o deformación, es decir, sólo la protege; pero proteger no es conservar, es solamente una fase inicial del proceso de preservar, a saber: Preservar: Proteger - Poner en Valor - Conservar. “Proteger”, es tomar las precauciones para que la obra patrimonial, en el estado que se encuentra, no desaparezca, ya sea por intervención humana, por deterioro o por accidente (incendios). “Poner en valor” es recobrarla a sus valores originales; implica una labor de restauración tanto en aquella misma como en su entorno urbano. “Conservar”, es mantener su integridad en el tiempo; implica, si es necesario, su reciclaje o reconversión funcional. La normativa de la calle Baquedano, como ya indicamos, solamente “protege” a la obra patrimonial; disposición insuficiente porque el mero prohibir provoca en el curso del tiempo clandestinas modificaciones y un progresivo deterioro, como está sucediendo desde hace algunas décadas. A dicha normativa le falta su complemento: la formulación y el estudio de una política de conservación sustentable. El caso afecta no solamente a las obras que se ubican en torno a la calle Baquedano y a la Plaza Prat, sino a toda la arquitectura con valor patrimonial existente en la ciudad. Veamos ahora la cuarta pregunta: ¿Cómo conservar?. Retomemos un párrafo de nuestra sección anterior que tiene relación con la interrogante, con la realidad de la ciudad y con su economía urbana: …este proceso de destrucción y de deformación obedece a la realidad de una ciudad viva, cuyas fuerzas en desarrollo se manifiestan en una continua necesidad de renovación y crecimiento. Aquella vulnerabilidad también se produce porque esta arquitectura, sí exceptuamos escasas excepciones, pertenece a particulares, a habitantes de la cuidad preocupados de su propiedad como un bien económico que es posible explotar, adecuar o construir uno nuevo que signifique mayor beneficio, y no, intelectual y románticamente, como un bien patrimonial que debe preservarse. Preguntémonos entonces ¿qué política de conservación puede incentivar a un particular a cuidar su propiedad con valor patrimonial? La respuesta surge obviamente: “solamente la cuidará cuando su conservación le signifique un beneficio, ya sea éste de orden económico o de otra naturaleza”. Esta debe ser la condición fundamental que oriente y defina la formulación de aquella política; mientras esto no suceda la arquitectura particular con valor patrimonial continuará desahuciada, extinguiéndose inexorablemente como ha ido sucediendo hasta ahora. ¿Cuál podría ser aquella política y su propuesta? Frente a esta última pregunta se abren no pocas ideas de proposición; alternativas que no corresponden en este trabajo plantear ni decidir porque su estudio, su formulación y su decisión trasciende la especialización arquitectónica y urbana situándonos frente una tarea transdiciplinaria. Es el paso que falta. Actualmente, se cuenta con todos los antecedentes necesarios para encargar su estudio y abordarlo. Que así sea.



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